En la que cuestionan sus actos del año que pasó y se plantean un porvenir distinto para el nuevo período que viene. Es un acto individual, si acaso familiar. Sin embargo, se nos ocurre que la meta principal de Año Nuevo, a la que los colombianos aspiran como colectividad, es la consecución de la paz en todo el territorio. Que Gobierno y Farc lleguen a un acuerdo ecuánime para que en Colombia se respire, por fin, un aire distinto.
Una paz que no sólo suponga el silenciamiento de los balazos y de los bombazos, de las amenazas y del terrorismo, sino también en la que se logre la justicia, asunto que deberá preocupar al Gobierno este año que comienza. Comisiones de verdad, flexibilidad en las penas, reconciliación, en fin, todo un modelo de justicia transicional que opere como motor del perdón y de la cicatrización de las heridas que aún hoy permanecen abiertas.

